Acabo de terminar el libro del escritor chileno Pablo Simonetti, "Madre que estás en los cielos", debo admitir que al comienzo la historia de una anciana a prontas de la muerte no me pareció atractiva, realmente prefiero novelas más emocionantes, amores pasionales, relaciones tormentosas, quizás con protagonistas con toda una vida por delante; sin embargo, el libro me fue cautivando a medida que avanzaba...
Nunca me he planteado la muerte como algo cercano, pero creo que es comprensible tomando en cuenta mi edad y también que nunca la he vivido personalmente con algún ser querido, y, aunque lo he escuchado en unas cuantas ocasiones, no se me pasa por la cabeza el dicho: "esta vida es sólo el comienzo", realmente no se me ocurre lo que sigue, es como si esta fuera una etapa, una de las tantas para terminar una carrera, pero cual es la meta?, para los budistas será el nirvana, para católicos el paraíso, para pesimistas quizás el infierno o para escépticos, simplemente un vacío similar a un sueño eterno sin pesadillas.
Por lo menos para mí en este momento, en el cual vivo el presente, a lo más preocupándome por un futuro cercano no mayor a la universidad, la muerte no es más que el fin a lo que construiste
toda tu vida, un punto donde alguien viene y te dice: pues bien, hasta aquí llegamos, toma todos tus recuerdos, risas y llantos, guárdalos en una maleta que nos vamos.
Ya sea sin previo aviso o con años de anticipación, me obsesiona el hecho que en el momento mire hacia atrás y vea todo lo que ha sido mi vida, todos mis logros, todos mis fracasos y me diga a mi misma: estoy conforme.
Pero quien dice que será así, personalmente creo que la principal responsabilidad en mis miedos la tengo yo misma, sí, desde pequeña vi muchas películas y telenovelas, de esas que la protagonista sufría, derramaba sudor y lágrimas, luego llegaba un punto donde todo se desmoronaba y parecía no haber vuelta atrás, pero de pronto, todo se arreglaba, volvía a sonreír y se daba cuenta de que todo había terminado bien, luego aparecía la típica música de fondo, el infaltable "the end" y los créditos. Siempre creí que mi vida sería similar, que sufriría pero que todo estaría bien.
Con los años (que son pocos) me he dado cuenta que todo está en mis manos, que lo más seguro que tenemos es la muerte pero que también lo segundo más seguro que tenemos es la capacidad de hacer, con nuestras propias manos, que todo haya valido la pena.
Finalmente que importa, moriremos, viejos, jóvenes, lo que realmente importa es que vivimos, y como dicen, " lo comido y lo bailado, no me lo quita nadie".
domingo, 19 de abril de 2009
Neruda

TENGO MIEDO
Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazòn un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.
Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño
que reflejo la tarde sin meditar en ella.
En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.
Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo, de una calma agonía
sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la tierra es una fruta negra que el cielo muerde.
Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazòn un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.
Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño
que reflejo la tarde sin meditar en ella.
En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.
Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo, de una calma agonía
sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la tierra es una fruta negra que el cielo muerde.
Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
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